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Octubre (En) Cuatro

A estos días los rescata el licor, las velas que enciendo en cualquier altar, las veces que me aferro a la almohada, no para dormir, sino para gritar entre sus suaves fibras. ¡Ay qué placer el del desahogo! El perpetuo aroma de la vainilla sobre mi cuerpo y luego sobre tus labios, tus labios de fantasma que ni por las curvas me atrevería a invocar ¿Para que llamar a la duda? ¿para qué abrirle mis ojos a un espejo? ¿Para qué llamarte amor? ¿Para qué darte la felicidad? Si a mi casualidad de vivir la llamo por tu nombre, porque eres el abismo de una enorme posibilidad, de un aire que encaja perfecto en mis pulmones. Porque entre espumas y entre océanos, siempre habrá una tormenta que nos junte, unos ojos vendados que nos abren el camino y un viento al que le bailan los jazmines así no sea verano ¿Habrá un dios que bendiga esta coincidencia? ¿Habrá una sola abeja que no quiera darnos en su azar las cuatro estaciones para planear, para buscarnos, para encontrarnos y volvernos a soltar?


Mañana tampoco sonará el teléfono, mañana habré despertado y seguiré yendo tarde a la vida, a tu puerta, a tu sensación de cuerpo amanecido. Mañana cuando me esté bañando un arco de colores me hará pensar en ese algo que sostiene el mundo, que nos ubicó como polos opuestos, atados por una tensionante cuerda que todavía no revienta y que  mucho menos se contrae.

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Ilustración de  Raffaele Marinetti El espacio entre los dos puede llamarse distancia, pueden denominarlo lugar, tú tal vez le dirás no lugar, yo le digo tiempo. Tiempo que atraviesa atmosferas, que se carga de energía, que también es compás y pista de baile. Ese espacio que ahora es tiempo también es dueño de la piel, le plancha sus pliegues de extremo a extremo, se hunde en ella, la moja y la bautiza con los linajes infinitos de la humanidad. Ese espacio invisible como pisadas de reloj, susurra el monólogo del sexo, te llama por tu nombre, te pide que no le sueltes, que le muerdas y que le beses, que le reclames con la mirada los papeles indivisibles de una magistral actuación. Ese espacio que es tiempo viene por ti y por mí, nos captura en el imposible descanso del placer y en el exceso llama al sudor, se prende del pecho agitado que busca el cielo, intentando encontrar en él los picos más altos de una paz de nieve, de blanco orgasmo, de líquido y tórrido orgasmo. ...

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