Solo espero con
ganas poder cerrar los ojos, depositarme en el abrazo del sueño y esperar entre
los bloques de los edificios a que su rostro venga a empaparme de solemnidad. A
esta larga espera de vidas tras vidas y pactos sobre pactos, se le suman el
dolor de la anomalía, una leyenda que parece más un cuento y que al pasar la
hoja resulta que ya es el fin del mundo.
Ana no tiene a
quién lamer, su nido se deshace y mientras espera a su fantasma de los sueños,
arruina su ego gritando sin fuerzas porque trae el vientre ocupado, la frente
cansada y los labios rotos de tanto mentirse. Esta vez me leen tus ojos desde
Suecia, en unas horas desde Alemania y mañana tal vez ya no me quieran leer.
¿Quién lleva una
vida tranquila con tanta pasividad? Al cuerpo le falta la guerra de los
diamantes, la rutina de llorar por los dos, el plan para huir y la pena por
fracasar. Eso es el amor, un juego de cuerpos que se evitan atados por almas tejidas
de liquen y humedad.

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