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Labios de Nube By Nuberrante
El día de su bautizo debieron llamarlo por sus 4789 nombres, cada día que se encrespaba en la atmosfera él era un hombre distinto. Por ejemplo, era silencio de enero, de gentes cansadas por la fiesta y el licor, después era un todo un gitanillo, con cigarro en mano y mentiras en cada pie, otros días, cuando me correspondía su abrazo, era Estocolmo crepitando desde las chimeneas, con ese manifiesto de dorados tonos y nieblas tras la ventana.

Ese tipo tenía consigo la responsabilidad del clima, brillaba con las gotas matutinas del rocío, se libraba entre el jugueteo del viento con las palomas de la plaza y al contacto con el sol, hacía posible la existencia de las hadas, de los perros jugando en cada parque, de los niños que sonríen al extraño y de los besos que se quedan serpenteando en el eco intermitente de los sueños.

Sin darse cuenta, a este hombre lo abrazaban las castañas rugosas de las fibras de los billetes nuevos. Era la política traviesa que se cuela en la idea de poder, tan diplomático que pensaba a ritmo de tango, de jazz y de soul. Y allá debajo mientras los topos se hacían la manicura, él pisaba la tierra como una dictadura militar, como los marchantes de la banda marcial del pueblo, así, desafinado con el alma desentonada.

El sexo nuestro vivía a destiempo, a este sexo lo devoraron los fantasmas de los imposibles, era silencioso como los niños en misa que rezan prisioneros del credo de la abuela y de un diablo que tal vez nunca existió pero que si llegase a aparecer nos condenaría a las llamas del infierno, por burdos, por pecadores, por escandalosos, por soberbios, por libres y amorosos.


El día de su bautizo debieron llamarlo paz, juego, caramelo, roca, verde, fuego, silencio, poema, concierto, pena, sonrisa, beso, río, nido, ventana, manta, sábana, cabalgata, viento, misterio, lluvia, meses, eterno, pan, licor, viaje, café, mujer, beso, cuento y gesto.

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