Ir al contenido principal

Pérfido Y Puntual

Study For Andromeda I, 2013 By Denis Forkas
Hueco es lo que expande mi pectoral, la consideración es un lujo que solo ofrece la muerte y por mí ya no viene. Me fumigo las palabras, las mato como cucarachas que plagan el suelo de este lugar. Me suicido o dejo al viento barrer los poemas. No me dejen sola porque vuelvo a escribir.

Hice rimas perfectas, pero al destino le pareció más atractivo verme sufrir por perder el amor en ellas. Ahora ya no me salvan las mariposas, ni me persigue el cazador en forma de niño, ni me corretea con sus zapaticos de frustración profesional. Ábranme el infierno que perdí mi traje en un matorral, ábranme el cielo que yo ya no peleo con la gravedad. A la conciencia la llevo en los pies y a Jesucristo le defraudo después.

Por cualquier camino, me sigue, viene a darme la mano, me gusta, me entrego y después no le vuelvo a ver. El cazador que me rompe el labio me dijo que el dolor es el sabor que deja un buen amor. Yo brillo como un diamante debajo de su moralidad, haciendo maromas al instante, dándole vida a su ser para hacerlo otra vez mi amante.

Pérfido y puntual, el demonio me bebe el alma sin piedad, me muestra un puñal con el que puedo volver a empezar, y la duda es si vuelvo a nacer para en la siguiente vida ser tu perro o tu mujer. El barco se estrella contra el faro al norte, el cáliz no tiene forma, las gaviotas no confían en el viento, ni en la lucidez de su pupila, ni en la reina del tarot.


Camino y al corazón arrastro, mis camisas están cocidas con falsas palabras, que se escriben en las ramas y la corriente no se esfuerza en salvar… Los pájaros hicieron nidos con los adjetivos y se cagan en tu verbo. Hice un poema, lo llamé con tu nombre, pero al destino le pareció más atractivo verme sufrir por perder el amor en ti.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Espacial

Ilustración de  Raffaele Marinetti El espacio entre los dos puede llamarse distancia, pueden denominarlo lugar, tú tal vez le dirás no lugar, yo le digo tiempo. Tiempo que atraviesa atmosferas, que se carga de energía, que también es compás y pista de baile. Ese espacio que ahora es tiempo también es dueño de la piel, le plancha sus pliegues de extremo a extremo, se hunde en ella, la moja y la bautiza con los linajes infinitos de la humanidad. Ese espacio invisible como pisadas de reloj, susurra el monólogo del sexo, te llama por tu nombre, te pide que no le sueltes, que le muerdas y que le beses, que le reclames con la mirada los papeles indivisibles de una magistral actuación. Ese espacio que es tiempo viene por ti y por mí, nos captura en el imposible descanso del placer y en el exceso llama al sudor, se prende del pecho agitado que busca el cielo, intentando encontrar en él los picos más altos de una paz de nieve, de blanco orgasmo, de líquido y tórrido orgasmo. ...

.- -.-- ..- -.. .-

La niña sigue pidiendo ayuda,   Perdió el galopar de su corcel, La rabia que revestía su torso, Se oxidó y le amarra los gritos a la piel.   Las golondrinas sobrevuelan el pino, Desde que le prometieron volver, Los polluelos esperan en llanto, Y del hombre la palabra nadie volverá a creer.   La niña espera los pétalos caer, Las flautas gritan desde el cielo, Cada noche que ella se duerme, Su alma viaja para verlo.   A través del fuego ve a su amor Espantado en el invierno, Huyendo a gran velocidad, Escapa de las alondras de hielo.   A ella le zumban los oídos, Y sus letras pierden el habla, Mientras que muere de amor, Ya no tiene mensajes subliminales bajo la manga.   Líneas y puntos como lunares, Pidiendo a Dios que alguien la descubra, Su grito de ayuda se conserva, Entre su boca de mujer impura.

Mujer Miel

Tú que brillas en mí, mujer de ríos y miel, caminas bajo mi piel, sigilosa como la luz del alba. En cada pliegue de mi voz floreces en silencio, y haces del aroma de la piel una promesa dorada. ¡Oh mujer de aguas dulces! Tienes en tus manos la pureza de mi espejo, el costado tibio de mi ternura dormida. Eres la caricia que despierta la certeza de mi corazón, la certeza de que puedo amar sin pedir permiso. Con solo existir entre mis latidos, llenaste de pétalos de oro lo que antes temblaba, dibujaste con tus dedos la curva suave de mi río interno, esa corriente que ahora sabe devolverte el canto. Tú, presencia delicada y firme: ¿sabes que todas las veces que me sonrojo ante la belleza, es tu risa la que me empuja a brillar? ¿Sabes que el modo en que ordeno mis adioses, es la misma danza con la que tú repartes el amor? Eres un espejo y necesitas mi mirada para ser, como yo necesito tu espejo para encontrar mi cara más dulce. Juntas: tú y yo, mujer río, en un abrazo sin...