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Imposibles y Anticipados

Nudegrafía
En mi naturaleza no hay orden, tengo la mala costumbre de hacerlo todo mal, me dejo seguir y nadie tiene que atraparme, experta en entregarme. Lloro la soledad, pero duermo abrazada a ella cada noche, a veces le saco llantos haciéndole creer que hago el amor con un mismo cuerpo, cuando cada que vuelvo a nacer me encuentro seguido con cualquiera de mis amantes. El diablo se ha vuelto puntual, se me cruza en cada bar, me muestra su puñal y afirma que me luce si lo dejo entrar.

Las sombras se alargan y acaban al pretender mi regreso a usted. Me reduzco a la fragilidad de las sábanas, me entrego misteriosa, me vuelvo carga de alta tensión, su silencio y
su pudor, su vergüenza habitual, es la foto que vuelvo a acariciar, esta noche vuelvo a verle y no paro de temblar, tengo la piel invisible, cada órgano se desprende de mis miedos, la libertad del sexo es el paraíso de mi mente, es un absurdo lugar, que acaba en la ira de perderle. 

Tendones, cadenas atadas a la pena de lo que no es. En la oscuridad me queda el aliento contenido de jovencita en pubertad. La piel bendecida desde el domingo, crea en mí figuras de manzanas que despiertan hambre y orfandad. Juego a ser su madre, le cuido en cada poro, le beso y amamanto, usted no come, no bebe; todo de mi ya lo tiene. Brillo a oscuras, es la rama blanca la que me cubre, me abriga líquida y tibia, su lugar dentro es un trono, los soldaditos atacan y al romper cada barrote se liberan mis aves.

Las orquestas se inflaman de silencios, los terrenos ya explorados vuelven a su virginidad salvaje, en el lugar inalcanzable se aumenta su visión, sin tocarse como creando una herida. El color de sus caricias lleva un rastro mineral, es rudo y lento al entrar. Se acerca la invisible muerte sentimental, mis lágrimas acaban sobre sus cabellos. Estamos condenados por mi maldita flor, un final sin voz, cuevas quebrantadas y soberbias. Los confesionarios ocupados por rodillas de prostitutas, no se comparan con la ninfa que nos dibuja, es un niña loca que se mata en cada beso, su río solitario le responde a su mirada lejana, la que se acostumbró a disimular y a otorgar castigos. 

Ecos de penas y locuras consumados, las resonancias enmarcan su increíble voz, usted sentado grita y despierta a la distancia estos poros pequeñitos, yo regreso a mi postura esparcida, como lápices flotando en las lagunas. Ha tocado mi agua, vuelve a hundirse su nariz, imagen cotidiana que crea un llanto infinito. He llorado por usted, me entrego a usted como lo prefiere, en la oportunidad de los sueños. Yo cargo el amanecer con su pena, me reprocho su descendencia y luego la amo como si fuera mía. 

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