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Sumergirse y salir librado

Foto por Guajira Psicodélica.
Eres como las arenas movedizas, vienes, formas de los charcos ríos y tormentas, sonríes y nada cambia más que la marea de este espíritu. Haces de las ruinas un templo del que ya no quedan visitas. Te creo un ángel y me hablas como demonios. Sientes la brisa y destruyes la hierba. Estableces un mundo en el que los días fingen ser rutina y los tiempos son capricho de tus garras.

Aún permaneciendo en tu mirada, siento mía tu sonrisa, me dilatas el pecho con tus sueños, me niego a dejar de querer y entro dormida a tus placeres. La muerte, esa que nos ronda y conoce este secreto, le habla a mi amante de tus sustanciales intensiones y del café que cada mañana con su sabor insuficiente y común guarda nuestros besos infantes, avergonzados y herméticos.

Por lo pronto nos queda un baile más, una costa plagada de aves que mueven sus alas como cuando se han entrelazado tus brazos con los míos, nos queda la réplica exacta de un temblor en el sexo cuando te incas detrás para oler mi cabello y llevarlo a tu fuerte. Ahí nos ven las paredes adornadas de luces y los restos del humo que ha dejado el vicio. Te rodeo la mente, los brazos y el pensamiento con esos negros movimientos. Eres mío y todavía nos queda la angustia de vivir huyendo. Estás muerto en el recuerdo, el llanto te olvidó y mis caminos te esconden.

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