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Paranoide


Como es costumbre, ya me había ido de la tierra, para agarrar un poco de ese estado andrógeno y libido de la feminidad, ya no me ahogan tanto los problemas del amor, pero si me dejo consumir por algo que aquí se le llama esquizofrenia. 

Mi romance sigue igual, aunque de vez en cuando me sorprendo aun por los sobresaltos de la convivencia. Esa horrible manía de él que me obliga a mantenerme en la orfandad absoluta, ahora las putas deudas me consumen, pero todavía considero que es tiempo de vivir apenas debajo de la sombra. Y sí, porque por más que trate de salir, así sea sólo para asomar la cabeza, no falta e ruido político que crepita por estos días las sórdidas calles con olor a asfalto más que a humano. Unos se creen superhéroes y otros con la cabeza llena del Espíritu Santo pretenden parecerse a Dios. 


Ya no hay humanidad, sólo manadas de lobos que se revisten de humanos, para parecerse a algo que vive, que respira y que de vez en cuando siente. Nuevamente se oye el ruido de la nostalgia, la vida parece de marfil, fría y seductora, encantadora; esa absurda sensación de tenerlo todo, se parece a la invalides del alma. Cómo un elefante que pierde su carácter, que pierde su rudeza, por cuenta de la mafia.

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Ilustración de  Raffaele Marinetti El espacio entre los dos puede llamarse distancia, pueden denominarlo lugar, tú tal vez le dirás no lugar, yo le digo tiempo. Tiempo que atraviesa atmosferas, que se carga de energía, que también es compás y pista de baile. Ese espacio que ahora es tiempo también es dueño de la piel, le plancha sus pliegues de extremo a extremo, se hunde en ella, la moja y la bautiza con los linajes infinitos de la humanidad. Ese espacio invisible como pisadas de reloj, susurra el monólogo del sexo, te llama por tu nombre, te pide que no le sueltes, que le muerdas y que le beses, que le reclames con la mirada los papeles indivisibles de una magistral actuación. Ese espacio que es tiempo viene por ti y por mí, nos captura en el imposible descanso del placer y en el exceso llama al sudor, se prende del pecho agitado que busca el cielo, intentando encontrar en él los picos más altos de una paz de nieve, de blanco orgasmo, de líquido y tórrido orgasmo. ...

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