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La Despedida De Mis Labios

Labios Fríos Labios como cuerdas Labios como pisos de madera Labios inmunes al ataque de las palabras Labios que bailan con la lengua Labios en intimidad con las manos Labios como oro lejano del hombre Labios como caricia de las sílabas con “s” Labios quietos Labios dueños del silencio Labios carceleros de la palabra Labios impacientes ante los gritos del alma Labios inexplorados Labios terrenos de bosque virgen Labios atados a la rutina de lo amargo Labios formados en la humedad del rocío Labios invictos Labios propietarios de la risa Labios culpables del llanto Labios que conectan con las manos Labios como ventana Labios de credo piadoso Labios nobles y sin bálsamos Labios sinceros con aroma a súplica Labios míos y nuestros Labios nuestros despidiéndose Labios separados a la altura de un avión Labios con visa y sin retorno. Mis labios diciendo adiós.

En Este Instante

Le extraño con furia. Cómo las olas cuando se impulsan para morir. Entre el sitio y la hora donde la pasión se convierte en herida. Pierdo siempre ante el recuerdo. Le extraño con voluntad. Dispuesta siempre a morir en el silencio. Ahí donde la lluvia borra las huellas y el aire eriza las plumas de las aves. Le lloro y ya no es secreto. Le extraño con conformidad. Porque aunque el pacto me doblega ante la ira y sus dominios. Aquí dormimos en un mismo abrazo la renuncia y el delirio. En este instante, le extraño.

Venga

Venga que puedo tocarlo Y no gritar todas las palabras, Puedo ahogarlas porque son infinitas Son las palabras que nacen al sexo Son las caricias hablando. Venga que con disimulo le excito Le arrinconó a mis laberintos Y le aplasto las horas en vela Venga que estoy absorta ante el silencio Y me cubro con su manto de melodías de tul. Venga que ya son las 11 menos 20 Y mis lagunas empiezan a taparse con niebla Y las hierbas se abrazan con la lavanda de otros planos Y yo le quiero justo, preciso, indicado, perfecto, alocado. Venga.

Quiero La Muerte

Imagen de Nona Limmen Quiero la muerte entre un paisaje, Quiero verla saltar de poste a poste, Quiero doblarla cual origami y llevarla en mi bolsillo Quiero gritarle a la cara y después dormir a su lado. Quiero la muerte como un gas extraño llenando mis pulmones Quiero la muerte para limarme las uñas en ella. Quiero la muerte cubierta de pelos y plumas, quiero la muerte estrellada en mi ventana. Quiero la muerte sin chance de regresar. Quiero la muerte como mi reina gorda y rubia, quiero la muerte como una erotomanía, con alevosía, quiero la muerte a gritos, quiero la muerte de frente. Quiero la m(u)erte.

Todos Los Días Son Sábado

Foto de Javier Trinajo A esta madrugada la persiguen los gritos de la calle, el pujo de algunas parturientas y el calambre helado subiendo por mi espalda. No tengo miedo y sin embargo me ataca el frío, se monta sobre mis pies y me duelen, me duelen los días que se acaban, me duele el tiempo en el que tendré que correr, me duele el suspiro después de la batalla, me duele la carne y me duele el alma. Sobre las sábanas me alcanza el abrazo, la ironía y el llanto. Vengo y voy entre sueños, me sitúo en el pensamiento, intento no gritar pero no puedo, no quiero y siento. Siento el alma viajar en el tiempo, siento en la cara el viento de los camiones que entran a la ciudad y dejan rastro de mierda en la avenida, siento a las aves que duermen volando sobre su último sueño, siento la sed del diablo y siento la maricada que deja a su paso el miedo. Todos los días son sábado, son el abrazo que me despide del sexo, son el parque de atracciones mecánicas cerrando sus puertas,...

La Muerte

La muerte es esa estría del viento que baila entre el velo de la cortina. Y ahí en medio de aquel vaivén estoy yo de pie, con el pecho frío y erguido, con la corona del miedo encrustada en mi carne, como si se tratara de un órgano más, de un pelo que crece y crece. A la muerte, aún de frente, le he podido decir que no, que no quiero, que tengo planes, que esta tarde voy a hacer el amor o que quedé con mi madre para un café. A la muerte le he cantado con el coro de mis instintos, la he olido a distancia y cuando está sobre mí he podido saborearla y aún así ambas acordamos que no, que después o que se llevará a otro por ahora. A Enrique, a Julio y a Eduardo, a Marcela y esta vez a Luis. A Luis porque era muy solitario, porque su madre ya había partido, su padre se quiso ir y su hermano nadie nunca lo había extrañado. A Luis porque ya no comía, tampoco dormía, solo andaba por el barrio con la cara llena de mugre, con la presencia que imprime el visaje cuando se hacen las cosas mal ...

Carta A La Memoria

A mi memoria agonizante, con su candil de deseos hechos idea y fantasía, le ruego me deje cerrar los ojos con plena libertad de hacerlo lenta y sutilmente; yo ya no conservo un cuerpo independiente, no tengo el peso perfecto para soltarme y abrazarme a la gravedad, tengo unas manos que se dedican a sobar mi cráneo duro y gris, estas manos ni siquiera logran sentir el recuerdo de la harina abatida por la lucha entre el agua y el azúcar intentando si fuera posible conservar algo de sí. Manos flacas y rotas, con algunos cortes de los que todavía brotan pequeños hilos de humanidad color rojo. Manos que se disponen al reposo de mis palabras, provocadas e invocadas a existir, así, a la fuerza, a las malas porque alguien las extraña.  Si el eco me abrazara haría inmortales estos gritos escondidos en cada letra, si el eco fuera un artista cantaría una canción al amor y este vendría por mí, me quitaría el peso de la feminidad y me subiría en sus hombros para lazarnos desde arriba a l...