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Octubre Para Eva

¿Qué de malo ha hecho este amor que se ha merecido el olvido? La mariposa ya no le baila al viento y el perdón siempre les llega tarde. Los días han pasado y eres menos guapo yo menos mona. A esta piel que ya invitaste a merendar, se le olvida tu abrazo de espejo. La desgracia viene y va poniéndose siempre de moda, el tacto de tus manos apoyadas sobre mi vientre aún no se va, no se evapora. Mi octubre despunta entre mi Eva enamorada. Tu sabor a mí proclama  que no tienes que quererme para atarme nuevamente  a los tendones de este aliento contenido que cuenta tus gemidos. Estos libros que te he escrito no nombran el impulso con el que empiezo el día cuando apenas va cayendo cuando apenas va muriendo. En esa agonía baila tu apellido y el impostor que te tiene allí jugando a ser dios se burla de mí. A la sombra de cada árbol vive esta agotada juventud aspirando a ti a tu oscuridad a la cura que es tu cuerpo ...

Cuentos de Ovejas - Diálogo Primero

–Y luego, aunque no se lo he pedido, la llevaría al baño para hacérselo anal –Dijo el hombre desde las cuevas con su voz de lobo–. –Sabes que soy tan tuya que puedes disponer de mí para cada escena –anotó la dama, quitándose el abrigo desde el otro lado de la línea– sino qué sentido tendría la sexualidad entre este par de humanos que son capaces de jugar a ser bestias, que sin tenerse al lado se motivan tanto al punto de estrecharse las almas y volverlas tan únicas que saben, se entienden, se presienten. –¡Cuidado! –Dijo aquel hombre, con la pretensión de persuadir a la tierna oveja–. Usted es esa clase de mujer de la que un hombre podría tomar provecho. –Si estoy equivocada, entonces me botaré a la hierba, para que las aves de tus manos me esparzan los hilos de mi pelo sobre el borde del río, donde los peces languidecen con las olas sucumbidas al viento –Susurró la dama entonces sus palabras, imanes de placer–. –Dime algo que pueda hacer por ti noble bruja –Exclam...

Las Aves, La Vida, Las Idas

Afuera las aves ya saben cantar tu nombre, me cuentan que te han visto salir de casa cada mañana, que el sábado pasabas la tarde con tus amigos y que juegas bolos  muy bien , que también celebras con abrazos esos pequeños triunfos y que estás mucho mejor. Las aves que en mi ventana cantan tu nombre, dicen que ya casi no fumas, que tienes el pelo un poco más largo y que a tus manos les falta un aroma, uno que tu memoria se esfuerza en recordar, el de la vainilla con miel y una pizca de sal o el de la madrugada saliendo del hotel. Revolotean esas aves sobre mi cabeza, se posan con sus plumas verdes y brillantes sobre mi ansiedad y mi enloquecida mirada que se detiene en la banca del virrey, al frente de las flores que no existían pero que saben que esa noche no nos logramos desprender. Las aves visten hermoso, te hacen un tributo entre los azules de tu nombre y los amarillos de tu voz, toman por su pico el agua de mi vientre y la llevan hasta tu boca, que aún sin tenerme, ...